Juego.

Los primeros rayos de sol aún no habían acariciado el vientre de la amante de turno y Gael ya se había levantado de la cama y se disponía a vestirse. "Esta tampoco" Se dijo.
Y mientras se vestía, con algo más de lentitud con la que se había desvestido la noche anterior, y cogía los zapatos en la mano para no despertar a la chica con la que había compartido algo más que un par de sueños, salió de aquella habitación extraña para no volver jamás.
"¿Por qué tuviste que irte?" Preguntó en voz alta una vez llegado al portal de aquella casa extraña. Y suspiró, como tantas otras veces.
Recuerdo que al llegar a casa (nuestra casa) volvió a relatar lo de todas las mañanas: Que si no le gustaba dormir solo, que si me echaba mucho de menos... mientras volvía a suplicar mi perdón mirando cada uno de los momentos congelados que colgaban en la pared. 
Y cómo no iba yo a perdonarle, si desde el día que lo vi sentado en aquel bar, hasta el día que aquel jodido borracho me sacó de la carretera (pero no de su memoria) y aún hoy, que le observo desde todas nuestras fotografías, hablo del verde de sus ojos cuando me preguntan por mi color preferido.

2 comentarios:

  1. Quién entiende de amor. Un sentimiento tan abstracto que, a veces, no tiene ni sentido.

    ¡Un beso!

    PD: Tengo un familiar llamado Gael y la verdad es que el relato me ha recordado algo a él. Tienes talento. :)

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    1. Oh muchas gracias. Es tan amplio el amor como las acepciones de la palabra...
      Gael es un nombre Catalán (?)

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