Una vez leí en algún libro que las cartas de amor empiezan sin saber lo que se va a decir y terminan sin saber lo que se ha dicho. Esto no es una carta de amor (o quizá sí) pero aún así no se muy bien lo que voy a decir, he perdido el don de la palabra, o del sentir, así que ni la releeré antes de publicar, prometido.
El otro día me preguntaron si prefería el sufrimiento como único sentimiento o no sentir absolutamente nada. "El sufrimiento" contesté, sin pensármelo dos veces. Y es que nada es un vacío demasiado grande, y del sufrimiento siempre sale algo, aunque sea historias que contar. Pero yo ya no siento nada.
Contaría lo que me ocurre pero los que me conocen saben que nunca me ha gustado hablar de lo que pienso. Se me da mucho mejor escuchar a los demás, aunque últimamente me he encontrado a más gente así. Pero es cierto, me siento bien cuando alguien confía en mi, aunque eso implique una responsabilidad enorme y a veces me da miedo, pero esa es otra historia.
No se ni lo que escribo, ni cómo lo escribo. Esta entrada no va a tener ni pies ni cabeza pero mejor, así ni piensa ni puede salir corriendo. Estoy rota, hecha trizas, y me hago daño con mis propios cristales.
El caso es que tengo que dejar esto un tiempo. Pero no de escribir, eso nunca.
No se quién soy, pero juro que encontraré una respuesta, o moriré en el intento.
Sólo dejaré de publicar aquí,
hasta que me aclare,
hasta que me encuentre,
hasta que alguien me salve,
hasta que algo me encienda...
Y, si eso no pasa, siempre podéis releer mi pasado, cargado de recuerdos bonitos.
Lo siento, de corazón vacío.


