No te conozco y eso me da miedo. Y es este miedo que se me ha clavado muy dentro lo que me hace seguir adelante buscándote cada noche entre mis sombras, es este miedo lo que me impulsa a seguir quitando días a una cuenta atrás que no tiene ni pies ni cabeza. Pero, a la vez, me recuerdas a la frase de aquella canción: desde que te conozco te quiero conocer.
No están hechos los versos para dormir en ellos y, sin embargo, a ti se te antojan apetecibles. No son versos lo que escribo aunque lo recite, aunque te lo recite. ¿Qué por qué a ti? Te respondería con una de mis frases hechas, pero no la tengo. Así que te devuelvo el “¿quién mejor?” que me regalaste una noche, una de nuestras madrugadas.
Y es que el día que la madrugada sea de verdad, ese día… Verás, voy a contarte un secreto. Pero shh, estate atento, estate callado porque, cuando lo acabé, negaré ser su autora, lo prometo. Decía que esa madrugada…
Podría, por ejemplo, decirte un buenas noches a modo de saludo. En mitad de una plaza, o en mitad de una calle iluminada solo por tus ojos, o empezar directamente en el centro de tu cama, quién sabe. Son sueños, ¿no? No les busques un sentido. Podría darte la mano y pasear juntos un rato, hablando de nada o estando callados porque, total, no nos hace falta hablar para decirnos lo que pensamos, lo que queremos, lo que sentimos. Entonces te diría que tengo frío, siempre lo tengo, y tú me abrazarías para intentar quitar la escarcha de este corazón de hielo con el calor de tu cuerpo… o no, ¿eres enamoradizo? Porque no quiero enamorarte, ni enamorarme yo, aunque eso sea complicado, o quizá no tanto.
Podría, por ejemplo, parar el tiempo bajo tus sábanas, se me ocurren un par de trucos. Podría contarte al oído historias que me enseñaron los que saben más que yo, cantarte una nana y dejarte dormido en mis brazos. Así, entonces, te vigilaría los sueños y no tendrías que tener miedo de las pesadillas. Que estoy segura de que nunca escucharás un “estoy aquí” más sincero que el que yo te ofrezco, Chico Lobo. Te prometo que voy a quedarme y este Huracán nunca promete nada si no está dispuesta a cumplirlo, así que no te preocupes por la letra pequeña del contrato, que no la hay, aunque parezca extraño.
Podría, por ejemplo, dejar que me acariciaras, ya sabes cómo, ya sabes dónde. Yo mientras me perdería en tus caricias y dejaría que sólo tú me encuentres, te lo debo. Podría contarte los lunares y hacer con ellos el mapa que vamos a recorrer algún día, ¿te imaginas? Acabando en Nueva Zelanda, claro. Aunque, a decir verdad, no sé si tienes o no lunares en tu espalda. ¿Los tienes? Bah, da igual, podría inventarlos yo, y si existen imaginar que son miguitas de pan que me guían hasta tu cuello, el lugar donde mueren los susurros que, asustados, van a firmar nuestros pactos, a besos. Si no existen, si no hay lunares, no me importa. Imaginaré que las miguitas de pan se las ha comido algún animalillo hambriento y llegaré a tu cuello con otro tipo de señales. De humo, por ejemplo, a pesar de que el tabaco no me guste y estas madrugadas se estén convirtiendo en un vicio peor que la nicotina.
Podríamos, por ejemplo, parar el mundo. Y que la gente se asuste y se pregunte quién ha cometido semejante idiotez, que nosotros estaremos contando historias bajo tus sábanas y allí abajo nada es pecado. Qué más dará el mundo si el mío empieza en tu nariz, y acaba justo abajo en esos hoyuelos que se te forman al sonreír. Así de pequeño es, así de grande te has hecho. Y sí, que nos llamen locos, pero me gusta estar loca y no cuerda, que las cuerdas atan.
Podría ser tuya, entera, toda, si quisieras.
Podría, por ejemplo, ir acabando, desearte un buenas noches a modo de despedida e intentar explicarte que me he dejado mil y un versos en el tintero. Pero, esos, los más bonitos, prefiero dibujarlos en tu espalda el día que seas tangible. Que lo malo de estas madrugadas es lo efímero que te vuelves cuando me quedo dormida, que lo que echo de menos de ti es lo que aún no he tenido pero algún día tendré. O no, quién sabe, es el destino tan caprichoso…
BRUTAL, DE PRINCIPIO A FIN.
ResponderEliminarMuero de amor con este escrito, en serio. Me quedo con cada frase. Precioso. Preciosa.
ResponderEliminarEnorme, es precioso^^ Me has hecho pensar en una persona muy especial a la que echo demasiado de menos.
ResponderEliminar¡Besos!
Te sobras de enorme ya.
ResponderEliminarPodrías algún día desearle esas buenas noches con un beso, y dormir abrazados... nunca es tarde.
ResponderEliminarBesos!!
Estoy segura que llegará ese día, que aparecerá Chico Lobo y te dejará dibujar constelaciones en su espalda. Seguro que sí.
ResponderEliminar(qué casualidad, el sábado estuve en un concierto de Jero)
muá, bonita.
Cómo me ha gustado :3
ResponderEliminarSobre todo la frase de " desde que te conozco te quiero conocer" Me la dijo hace poco un chico y me ha encantado ( la he puesto en twitter entre comillas, de que es tuya :) )
Un beso grande :)
odio cuando los contratos sinceros se antojan tan extraños.
ResponderEliminarmenos mal que son de verdad de la buena...
(y no cuerda, que las cuerdas atan...)