Te he buscado por todas partes, aunque desde el principio sabía que estarías aquí, escuchó Roux a sus espaldas, e hizo un intento de secarse rápidamente las lágrimas con el puño de la sudadera. Katerina era la última persona a la que quería ver en ese momento, aunque bien sabía que era también la única persona que podía entenderla. Era la enfermedad y la cura, ambas al mismo tiempo.
Se giró, y se dejó abrazar con fuerza, como si con ese abrazo las dos chicas fueran capaces de parar el tiempo, de evitar que la tierra siguiera girando...
-Cuéntame, pequeña pelirroja, cuéntame por qué esos ojos hinchados. Roux, ¿qué ha pasado?
-Lo de siempre, Katty, mis padres han visto otra foto y mamá ha montado en cólera. Y yo ya no puedo más. No quiero hacerte daño, no quiero seguir engañándoles, no quiero tener que elegir. No quiero que seas una "amiga" a ojos de ellos, no quiero ver a mi madre mirarme como si no me conociera, como si la hubiera decepcionado por el hecho de ser como soy. Estoy harta de escuchar los "es una tontería de juventud" de mi padre. Y no me veo capaz de seguir con esto porque lo que más me duele de todo es sentirme pequeña cuando siempre he sido yo la que tiraba de los demás, la que tenía fuerza para todo y para todos y aún me quedaba para mi. Me siento egoísta, me siento absurda, me siento débil... O no, ese es el problema, que ya ni me siento.
Katerina la miró con esos ojos que sólo se mira a alguien con quién estás dispuesto a compartir el resto de tu vida, le secó las lágrimas de nuevo y empezó a bajar todas las persianas de la antigua biblioteca abandonada. Su escondite secreto. Qué ironía, pensó, hace casi medio año pasó al contrario...
-¿Qué haces? preguntó Roux desde su rincón.- ¿Por qué lo dejas todo a oscuras?
-Verás, pelirroja, voy a explicarte algo. ¿Me oyes?
-Sí, sí, pero no te veo...
-Eso es, prosiguió Katerina. Así empezó todo y así será siempre: Voy a estar aquí aunque tú no me veas. Deja que sea yo quién te salve ahora... ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Yo estaba sentada justo donde estás tú, ahí me encontraste. Estaba hundida, destrozada, y tú te empeñaste en recoger mis pedazos y recomponerme aún sin saber ni siquiera mi nombre... Mi mundo estaba vacío, tan oscuro como esta habitación, o incluso más. Hasta que llegaste tú. Y entonces...
-Entonces, ¿qué? Balbuceó Roux con un atisbo de ironía y curiosidad.
Katerina se sacó un objeto del bolsillo, sonriendo al haber evitado la cara de "¿has vuelto a fumar?" que pondría su chica...
-Y entonces... (click) Tú. Nosotras.
Entonces, luz.
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Gracias a Álvaro (sí, con mayúscula) por prestarme la fotografía (más si haces click aquí), y por todo lo demás.

ese es el problema, que ya ni me siento
ResponderEliminary poco más que decir ahora.
Jojo, finalazo. Y la foto muy apropiada.
ResponderEliminarA veces, cuando crees que no puede haber más oscuridad en ti misma, o en lo que te rodea, llega alguien que te rompe los esquemas y deja salir, o entrar, como tú dices, toda esa luz.
Buenas noches! ^^
Que bonito el amor...por cierto, me has hecho investigar sobre los amarillos con un tweet y reflexionar mucho, mucho :)
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