Es difícil sonreír en estos tiempos, y reír ya ni te cuento. Pero sólo el hecho de intentarlo ya debería ser divertido y no hay nada en lo que se tenga menos que perder. Además, en estos días he sonreído tanto que, si reír de verdad alargara la vida, yo ya sería inmortal.
Cuando estamos tristes, cuando tenemos un problema o nos han dado una mala noticia, cuando algo nos duele (ya sea la cabeza o el mismísimo corazón), pocas cosas son las que tienen el mágico poder de hacernos sentir mejor. En esos momentos, en esos instantes de nada sirve sentirnos afortunados en la penuria de los demás.
No hace mucho (aunque hay que tener en cuenta la medida de mi tiempo) hubo alguien en mi vida que advirtió mi forma de dar malas noticias. "Tienes una familia que te quiere, una cama donde dormir y un plato de comida a todas horas". Y con estos pobres intentos de hacerle sentir mejor, y un kilo de lágrimas que arañaban mi propio ego, salí de su vida con un "pero no te tengo a ti" como respuesta de fondo.
No me juzguéis, o hacedlo rápido y poco doloroso. Lo que no quiero es que tú, que te has cruzado por aquí de casualidad, pierdas tiempo en decidir si merezco la pena. Créeme, la merezco. O no me creas, pero decídete rápido que la indecisión no tiene por ahora razón de ser en esto. Quédate sin preguntar, vete antes de que te eche.
Soy buena dando consejos, en general todos lo somos. Pero llevándolos a cabo soy un pésimo ejemplo, también como la mayoría. Tengo cientos de defectos y tan sólo un par de virtudes, y es sabido que suelo alejar de mi a los que más me quieren.
Pero, oye, nota importante, aquí seguimos, veinte años después, a pie de cañón, aunque mi presente sea un caos y mi cabeza vaya a perderla un día de estos, no soy de las que se rinden tan sencillo.
Si algo tengo claro es que, ya sea por las vueltas que da la vida o por eso de coger al toro por los cuernos, cuando menos me lo espere me veo saliendo a hombros por la puerta grande entre vítores y aplausos.
Y, aunque sea antitaurina, esperar esa sorpresa ya es motivo más que suficiente para esta bonita sonrisa.