Mareo





Resulta que "mi vida" es últimamente como una puta montaña rusa, con sus altos y sus bajos, sus voces, sus agobios y hasta sus vómitos. Pero yo soy tan cabezota que no voy a consentir bajarme a mitad de trayecto si ya he pagado el jodido billete.

Tecnicolor.

Mentira, yo siempre tengo mis dudas. A menudo necesito estar segura pero detesto los patrones. Mi futuro está algo oscuro, y ya creo que empieza a darme igual.
Siempre me han dado miedo tus amenazas por el atisbo de verdad que a veces parecen desprender. "Que si un día desapareces y no vuelves más..." Entonces sí que ya ni escribo, porque te echaría más de menos de lo que normalmente te echo.
Y eso podría conmigo.

Aguanta(me) un poco más. 
Vuel(ve) por o para mi. 

Café sin cafeína.

-Voy a pedir, ¿qué te traigo? - preguntó al ver que ella ya se había acomodado en su sillón. 
-Quiero algo con mucha nata. Gracias, amor.

Y él lentamente se fue acercando a la barra con pies de plomo y mirada perdida. "Algo con mucha nata", joder. Y él quería chocolate con chocolate. Y en diez segundos que duró el trayecto inventó medio millón de escusas: <<Así somos, nata y chocolate, hielo y fuego, diamante y cristal... Así somos, jaula sin llave, herida aún abierta, dolor permanente...>>
Y allí la dejó, sentada en su sofá, en ese que les guardaba tantos besos semana tras semana a la salida del trabajo, o a la entrada, o en el descanso... 
Y allí la abandonó, sin nata y sin decir ni un mísero adiós, por miedo a arrepentirse.

Pero no, ya no podía esperar a ser roto de nuevo. 
Se dijo que no podía permitirse el lujo de perderla y por eso la olvidó.

Y cuentan que allí sigue, sentada en su sofá, esperando su bebida con mucha nata.

Que no te pase como a la rana.

"Corre. Y si sigues llorando sigue corriendo."

Que aunque creas que has tocado fondo, aún puede haber más.
Que cuando estés con el agua hasta el cuello, recuerdes que sabes nadar.

Espérame. Nos, a los dos.

Su pose desafiante.
Su métrica perfecta.
Las luces que la visten.
Las canciones a sus pies.
Los sueños que nos quedan.
Los recuerdos que me guarda.
Los suspiros que antaño me robó,
y todos y cada uno de los que le regalé.

Mis ganas de ti.
Tus ganas de mi.

Son los pequeños detalles de los que todo el mundo habla aún sin conocer qué se siente. Son los que ella me guarda hasta que te encuentre, y podamos ir a luchar por lo que es nuestro, por todas esas dañinas partes de un nosotros que me dediqué a construir aún antes de conocerte. 

¿Cuándo te he importado?

"La envidia es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro."


Y tú, dueles.
 Me dueles.

Ni lo dudes.

Cuando te sientas pequeñita, y por muy grande que seas  no quieras creértelo y pienses que el mundo se te viene encima. Cuando tengas miedo, y se te acelere el pulso y empieces a temblar. Cuando te duelan los párpados y fuera haga sol y en tus ojos esté lloviendo. Cuando yo esté demasiado lejos para abrazarte hasta dejarte sin respiración (que lo haría de buena gana), 
voy a darte un consejo.

Sopla, sopla tan fuerte como te permitan las pocas fuerzas que te queden. 
Sopla y verás como todo se pierde y desaparece.

No es un gran consejo, lo sé, pero las sonrisas están demasiado caras ultimamente.

Epílogo.

Ven, siéntate y hazme un hueco, déjame que te lo explique. O al menos déjame que lo intente, que la lista de mis dudas y mis miedos va creciendo poco a poco y saber o poder expresarme es uno de ellos, quizá uno de los más importantes. Yo no se qué haría si un día despertara y esto de sentarme y olvidarme de todo y ponerme a escribir fuera imposible. No se qué haría porque es casi más importante que el aire y, cuando me ahogo, sin el casi.

Pues verás, he oído por ahí que se trata de perspectiva, que nada es o blanco o negro, que todo depende. Pero yo no acabo de creérmelo, ¿sabes? Las cosas son como son, y no hay que darle más vueltas. Se es o no se es, como bien sabía Shakespeare. Sí o no. Una cosa o la otra, pero no las dos, joder. Yo creo que el destino está escrito, que no se quién mierda maneja las cuerdas, pero somo putas marionetas...

Y por eso estas lágrimas, porque no llegas, porque necesito que me llames y me grites y me convenzas de lo contrario. Yo sé que puedes. Qué irónico, ¿eh? Creer en ti cuando ya no creo ni en mi misma. Pero tú confiabas en los milagros o al menos eso me hiciste pensar. Así que es el momento de demostrarme tanta palabrería barata...

Ven, vamos a hacernos una foto, vamos a capturar un momento de esos que se quedan por toda la eternidad,  de esos que tanto me gustan y tan débil y frágil me hacen. Vamos a correr hasta que me quede sin aliento y tengas que darme tú un poco del tuyo. 
Que no me importa, que no te importe.

Pero ven.

Anulada.

Tenían miedo de todo, porque todo podía lastimarla, y de todo la alejaron. Les parecía tan frágil e indefensa que les daba miedo hasta mirarla, por si en un descuido se rompía. Por eso la defendieron a capa y espada, por eso vivió entre algodones.

Ella tenía un espíritu libre, mil y un sueños en la cabeza y un amor infinito que ni siquiera podía caberle en el pecho. Hizo locuras a sus espaldas, quizá por despecho, quizá por la adrenalina del momento y la recompensa de los recuerdos. En las dos primeras décadas ya había vivido lo que cualquiera en toda una vida. Por eso le costaba tanto continuar. Y huyó en cuanto le fue posible. Rápido. Lejos.

Pensaba que remaban todos en la misma dirección, pero el viento soplaba tan fuerte que los desconcertaba. Se querían tanto que no podían ni verse. 
Tanto amor les destruyó.