
Resulta que "mi vida" es últimamente como una puta montaña rusa, con sus altos y sus bajos, sus voces, sus agobios y hasta sus vómitos. Pero yo soy tan cabezota que no voy a consentir bajarme a mitad de trayecto si ya he pagado el jodido billete.
Mentira, yo siempre tengo mis dudas. A menudo necesito estar segura pero detesto los patrones. Mi futuro está algo oscuro, y ya creo que empieza a darme igual.
Y él lentamente se fue acercando a la barra con pies de plomo y mirada perdida. "Algo con mucha nata", joder. Y él quería chocolate con chocolate. Y en diez segundos que duró el trayecto inventó medio millón de escusas: <<Así somos, nata y chocolate, hielo y fuego, diamante y cristal... Así somos, jaula sin llave, herida aún abierta, dolor permanente...>>
Y por eso estas lágrimas, porque no llegas, porque necesito que me llames y me grites y me convenzas de lo contrario. Yo sé que puedes. Qué irónico, ¿eh? Creer en ti cuando ya no creo ni en mi misma. Pero tú confiabas en los milagros o al menos eso me hiciste pensar. Así que es el momento de demostrarme tanta palabrería barata...