Cuestión de prioridades.

Pisamos los charcos de llantos ajenos, pues tú y yo cargamos de risas y sonrisas el equipaje de mano. Pateamos sus calles. Fuimos bohemios de la ocasión (aunque olvidara luego darme de baja). Vivimos el mejor París, el de las luces, de los besos en el cuello y los jadeos al oído. 
Pintamos nuestra historia y fue bonito mientras duró. 

¿Lo recuerdas? Yo tampoco.


¿Hasta cuándo?


_¿La han visto?

Camina rápido, desafiante, altiva... y casi enfadada. Se siente algo perdida, pero sólo un poco, y de repente, sin ningún motivo aparente, vuelve a sentirse confiada. Cree que puede comerse el mundo, pero a bocados pequeños, para no atragantarse.

Le gusta apostar por todas las fichas caídas, creer en lo imposible, soñar con lo improbable, pensar que tememos al lobo simplemente porque la historia fue contada por Caperucita.

Tiene una personalidad bastante adictiva, pero solo pretende quitarse el maquillaje y poder llorar de una puta vez tranquila. Sí, llorar, ella amaba llorar, simplemente por el buen humor que le rondaba tras el llanto.

A veces, y sólo a veces, detesta al buen Sabina, por hablar de lo ciegos que nos volvemos cuando amamos, por no dejarla continuar con dos puntos suspensivos tras ese punto final de los finales. ¿Tu manera de comprometerte es darte a la fuga?

Durante estas semanas, pensó que el tiempo lo había curado todo, poquito a poco, sin pausa pero sin prisa... Y justo cuando estaba recogiendo los últimos trocitos destrozados vas tú y apareces, y entonces... ¡zas! Vuelta a empezar... ¿Es que va a ser así siempre? Porque me ha contado que no cree que pueda desmontar y volver a montar otra vez el puzzle que pretende enmarcar de una vez por todas y dejarlo colgado en un rincón.

Si se lo estaba diciendo, que no confiara en las apariencias. Pero ella, nada, tan ilusa y obstinada como siempre, no me quiso escuchar. Y claro, ahora se ha dado cuenta de que se engañaba a si misma... ¿Hasta cuando voy a sorprenderla llorando por las noches?

Porque, cuando parecía que encontraba la perfecta armonía entre su pequeño mundo y todo lo demás, vas tú, y apareces, y entonces se acabo la melodía... Está desafinada, por eso aprovecha las rebajas, para buscar un afinador que le arregle de nuevo su frágil corazón.


_¿La han visto?

Ya no lleva maquillaje, todavía se le puede notar un pequeño hinchazón en los ojos, por eso no le gusta que nadie la mire fijamente.

Va pisando todos los charcos, con genio y rabia, por haberle aguado un poco la fiesta, pero solo un poco. 
Se ha comprado un pijama que no sabe cuando va a utilizar, pero ya no le causa ningún dolor de cabeza. También se ha comprado un lazo, bueno, dos, para cuando se lava el pelo y se le queda suave...

Pierde el tiempo que da gusto, pero eso no le preocupa más que por las noches, y cómo ya no duerme sola, no le importa.
Le siguen dando miedo las tormentas, aunque le encanta el olor a tierra mojada.
Tenía mono de tacones, como una droga, como un novio al que llevas un mes sin ver, y la otra noche disfruto de lo lindo.

_¿La han visto?

Ya va de vuelta, o vuelve a partir, según se mire.
Pero esta vez sonríe, porque es feliz: se ha dado cuenta de que llorar no es malo, y anoche se hinchó.
Por eso si la ven, salúdenla, ella responderá con un buenos días hasta por la noche.

Pero no la miren a los ojos, que todavía no esta curada, no del todo, y no quiere darse cuenta...


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Ya no quedan niñas que quieran ser princesas,
ahora sueñan con ser reinas de la fiesta.

Maldita sociedad.