Lo conseguiste.

Se acabó, digamos que me cansé.
Juro que no voy a dejar de ser, sólo dejaré de estar.
Ya te sabes de memoria eso de que a mi me gusta ir al contrario.

"Esta es la historia de un caracol que no quería vivir en una espiral, 
así que un día se descolgó la casa. Y lo pisaron. Qué estúpido, ¿no? 
Me recuerda a aquella chica cuyo corazón no quería sentir 
por lo que un día dejó de latir y claro, 
se murió."





Nunca me gustaron las despedidas, 
por eso no me voy a despedir del todo. 
(pero hasta pronto)


Mi blues.

Podría vivir para siempre en el lugar de las alas.
Y a ver cómo os explico que el nombre de Luz (¡click!) no es casualidad.



"No pienses en lo que escribes.
Escribe, y después lo piensas."



El día menos pensado,
te enseño mis lunares y les pido que te guíen por mi cuerpo aún antes de ganar el título de estrellas, 
te invito a dormir en mi vientre y nos hacemos los despiertos hasta que Sol nos de las buenas noches, 
me dejo lamer las heridas y te ruego que limpies mis manos sucias y vacías, manchadas de antaño.

La noche que menos pienses, 
te cuento la historia de cómo dejé de sentir y tú me salvaste,
te escribo en la espalda los versos que cuentan el secreto de tus omóplatos,
me lanzo al vacío y rezo tu dios para no haberme olvidado de volar aunque ya no tenga miedo.


Puede que, después de todo, sí tengas nombre de gato.
Y siete vidas, y un par de alas.

Paz (en griego)


Conocí a While en un paseo por pArís con sabor a vainilla,
y desde entonces quiero quedarme a dormir en su nombre.
Ella os cuenta mi secreto al comienzo, yo el suyo al final.



Paz era los besos de por la mañana y por la noche. La brisa del mar en el pelo y el sonido de las olas correteando por las rocas puntiagudas de la costa. Paz era sonrisas de personas mayores, abrazos en la cama y caricias en el pelo que destilaban amor por cada punta del dedo. 

Paz era desayuno con fresas y nata, cucharadas de nutella y canciones que te mecen antes de dormir. Era parpados que olían a amor, polvo de estrellas y tranquilidad. ¡Oh, sí! Paz era la tranquilidad que al mundo le faltaba, las plumas en la cara haciéndote cosquillas durmientes, la respiración profunda después de hacer el amor. Paz era paz, y por eso destruía todo atisbo de guerra que me aguijonaba los pulmones, todo odio que se anidaba bajo los párpados y la rojez de mi ira.

Paz era inseguridades, y confianza, a veces por separado y, en las mejores ocasiones todo junto, como un simpático remolino. Era la mezcla de todas las cosas bonitas, las más bonitas, las letras llenas de magia danzando en el tejado y los suspiros al principio y al final de cada historia. 

Paz también fue, al principio, miedo, de los que asustan pero nos empujan a tirar un poquitín más del hilo; y un poco de envidia, de la sana, claro. Cuando empecé a conocerla era algo de pArís y un poco de mí. Entonces vino el frío por fuera y ella llegó con el calor de dentro, y los griegos nos acunaron a las dos en nuestro pequeño gran secreto.

Paz fue. Paz era. Paz es.

 Y lo mejor de todo es que, por qué no, vamos a arriesgarnos…

 paz va a seguir siendo Paz durante mucho, mucho tiempo.

Guantes no es nombre de gato.

¿Dónde estamos ahora? 
¿Cuándo seremos? 
(o mejor aún...) 
¿Seremos?

Siempre es el miedo, el puto miedo y sus peros y la falta de respuestas a todos esos porqués que cuento por las noches, las ovejas ya no sirven. Pero nunca ha sido este huracán muy de dar explicaciones. Tenías que aparecer justo ahora, ¿verdad? No podías haber salido un poco antes o haberte quedado escondido un par de meses más. 

Decidí lanzarme al vacío y, joder, qué bien sienta esto de poder volar. Y qué dolor de tripa la certeza de la fecha de caducidad que llevamos tatuada en los besos que aún no nos hemos dado. Y qué bien sienta la jodida mezcla de mis suspiros y tus susurros y cómo me ha gustado siempre emborracharme de incertidumbres.

Llegas, de improviso y sin garantía, con tus reglas y eso es lo que hay. 

Llegas, y quiero que llegue. 

Llegas, y antes de llegar ya vienes diciendo que tienes que irte. 

Espiral


"¿Sabes? Nació un ocho de abril hace casi un año. Qué ironía, mi número y mes preferidos para crear algo que jamás debió existir. Pretendía encontrar un sitio en el que no sentirme juzgada, necesitaba algo que fuera sólo mío. Seguía siendo yo, nunca me he perdido del todo, pero ya sabes qué pasa con estas cosas, que sólo muestras la parte buena de ti y lo malo crees que, por guardarlo, va a desaparecer. Nada más lejos de la realidad. Yo caí en el error de pensar que lo malo se acabaría esfumando, muriendo poco a poco, pero no. Conozco de sobra los peros de la gente que se "conoce" con estas nuevas tecnologías, ya no tengo quince años y, bueno. Necesitaba un lugar al que ellos no pudieran llegar y pensé que podría ser ese. Pero no, eso no existe, han vuelto a demostrármelo. ¿Y eso sí que está bien? ¿El fin justifica los medios? Porque a día de hoy yo no lo tengo tan claro.

Sé que he fallado, que he hecho daño, que sigo doliendo. Digamos que he pasado el límite de elasticidad y por mucho que dejemos de tirar nada va a volver al principio. 

No se qué pretendía, pero desde luego que lo he conseguido."