Sueños de una niña de once.

A todos aquellos que quieren un mundo mejor, donde podamos vivir sin que importe quienes somos, de donde venimos, qué hacemos o a donde vamos. Un mundo donde no quepa la tristeza, la pena, la violencia, el rencor, la ira, la guerra, el terrorismo. Un mundo donde los niños podamos jugar a ser niños, donde podamos soñar con ser mayores y despertar cada día siendo niños. Un mundo donde no haya diferencia de raza, color, religión o pensamiento, donde se respeten las ideas de cada uno. Un mundo donde no existan las armas, donde no haya países de tercera ni de primera, donde todos nos sintamos libres, sin ataduras. Un mundo donde no quede lugar para el miedo y sí para la esperanza.

A todos aquellos que creemos que esto es posible, unamos nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestro día a día. Luchemos por conseguirlo y demos gracias por todo lo que tenemos, por el agua, por los árboles, por cada una de las estrellas, por el sol, por la luna, por cada nuevo amanecer, por los ríos, por las montañas, por cada uno de nosotros. Merece la pena luchar por el futuro y disfrutar de esas pequeñas grandes cosas.

A todos aquellos que creen en la amistad sincera, en la ayuda sin fronteras, en el trabajo bien hecho.

A todos los que quieren escuchar nuestro grito de paz. 

Desde aquí, desde nuestro colegio, desde nuestra clase, queremos hacer un llamamiento a los padres, a los maestros, a los gobernantes, a los políticos, a los dirigentes de los países. 

Queremos que sepan cuál es nuestro deseo, nuestro compromiso, que sepan que seguiremos luchando por nuestro mundo. Y como dijo un poeta:


"Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay hombres que luchan un año y son mejores.
Hay hombres que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles."

Nosotros también queremos ser imprescindibles.

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