Hoy podríamos estar perfectamente celebrando que hace un año de tu regalo. O quizá fuera ayer, o tal vez mañana o cualquier otro día de estos. Podríamos pararnos a recordar cada uno de los mil momentos que compartimos, haciéndolos nuestros, si es que alguna vez hubo un 'nosotros'. Recuerdo cómo te dejabas dibujar el cuerpo o cómo me enseñaste a fumar, para que ahora tenga que fumarme los momentos uno a uno. Incumplimos las reglas, todas. Tengo nítidos recuerdos, algo más palpables que los sentimientos, que ahogo poco a poco en esa vieja copa de vodka que tiene marcados a fuego mis labios y tus dedos.
Si cierro los ojos nos veo riendo en la cama, riendo alto, ebrios de amor y sobrios de esperanza. Nos veo haciéndolo en las escaleras de emergencia y encima del escritorio, nos recuerdo nadando de noche entre las estrellas. Me veo a mi acariciándote la espalda y a ti despidiéndote con un guiño cómplice. Me recuerdo esperándote con la puerta entreabierta y mordiéndote los labios en las noches de insomnio. Te recuerdo lanzando bocados al aire, mordiendo el mundo, el tiempo, intentando que no se escape. Nos veo desnudos en la ducha, llenos de jabón, hasta que algo del champú se coló por la línea que separa mis párpados y he tenido que abrirlos y darme cuenta de que en mi habitación sólo estoy yo.
Podría celebrar que hace un año ya de esa fantasía, y me he acordado porque he abierto el armario y he visto tu bote de colonia, ese que me regalaste vacío, ese que misteriosamente sigue oliendo a ti. Y pienso cuántas veces he ido por la calle esperando cruzarme contigo, sin querer imaginar que estás a cientos de kilómetros y, lo que es aún más divertido, en los brazos de otra. Y he quitado cuidadosa el tapón del frasco y de golpe me han vuelto las lágrimas y los recuerdos. Me han vuelto las preguntas y las promesas. Me ha vuelto el tiritar temblando por lo que fuimos, o por lo que nunca llegamos ni mucho menos llegaremos a ser.
El perfume de hombre es demasiado dañino. Voy a escribir a quien haga falta para que lo retiren del mercado, que tanta feromona química me altera el corazón (...) Y estas ganas de morderte el cuello se vuelven imposibles y este inventar que te tengo se vuelve asfixiante.
Así que aquí estoy, limitando mis opciones a sólo escribirlo y ver cómo te alejas por última vez, con las manos en los bolsillos y me dejas con el corazón en un puño. El caso es que al ver tu perfume en la estantería y al olerlo me han venido de nuevo los recuerdos y las ganas de inventarte. Pero esta vez lejos de esconder que me duele he decidido decirlo en voz alta. Podrás adivinar mi cara de sorpresa cuando el lugar de escuchar un 'Te quiero' he pronunciado un 'Te quise'.
Supe todo lo que te lloraría en cuanto te invité a que me durmieras con un cuento, y no me arrepiento porque estaba advertida y decidí vivir una historia imposible, sólo por eso.

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