Tercera persona.

Rasgado tengo el vestido del orgullo. Al abrir la ventana se volaron los papeles de divorcio con esta situación. Y no puedo pasar de nuevo, pues aún está mojado el suelo.

Esta es su historia:

No sabe cuando empezó, y mucho menos cuando colgar la palabra fin con letras amplias y holgadas. A decir verdad, no tiene muy claro todavía que esta historia tenga un final, o al menos uno cercano.
Ya va por el plan enésimo, pues el abecedario se ha quedado sin letras para definir sus opciones. Ahora se centra en hacerse a la idea de la realidad, esa que nunca queremos admitir porque es totalmente diferente de la bella historia que las películas de amor nos aportaron.
Ha dejado de llorar, por lo menos durante el día, pues las noches son sólo suyas, y ahí sí que no hay nadie que la controle. Y se limita a dormir bocabajo. Como su mundo está patas arriba, pensó que era una buena opción el darle la vuelta a la tortilla intentando no acabar mareada, no mucho.
Sólo pretende vestir de etiqueta y pintarse la cara, evitando parecer un payaso o un mimo. Se limita a ver pasar las horas desde el sofá, copa de whisky en mano. Del más fuerte, del que haga más daño.
Y mientras esté ebria de fracaso y empapada de decepción, no tendrá de qué preocuparse.

Puede que la quisieras mucho, pero tanto amor la destruyó.

2 comentarios:

  1. (esta historia sobrecoge. no tengo nada más en la cabeza.)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No te haces una idea de lo que ha significado ese comentario justo aquí, de verdad.
      Gracias una vez más.

      Eliminar

¿Tu opinión? Merci ^^.