Acabo de despertar y de golpe me viene todo lo que anoche pasaba por mi mente. Me dediqué a elogiarte, a inventarte en excusas, a rogar tu vuelta. Menuda rastrera.
Nadie ha conseguido jamás mirarme de la forma en que tú lo hacías, ningunos ojos, ningunas manos, ningunos labios... Nadie podrá nunca llegar si quiera a igualar tu forma de acariciarme el pelo, y el vientre, y las lágrimas. Nadie sabe mis puntos fuertes, ni los débiles, ni esos que tengo escondidos que provocaban mis sonrisas, mis risas y hasta mis carcajadas en las mejores ocasiones. "Nadie, nunca nadie, nadie excepto tú." Oigo en mi cabeza...
Y he despertado y un rayo de sol travieso me ha cegado, o mejor, se ha llevado la venda de mis ojos.
Porque nadie lo hace mejor que tú.
*Nadie me hace tanto daño.

tal vez hiciese daño,
ResponderEliminarpero también tenía esos ojos.
Algún día dejará de doler. Te lo prometo, por horrible que sea poder hacerlo.
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