Amsiruena.

Él aún dormía. 
Ella se levantó diez minutos antes para prepararle el desayuno y poner un poco de orden, como todas las mañanas desde hacía ya más de media vida. Tendió la lavadora, sacó el salmón para ponerlo al horno, puso las tostadas, y la sobresaltó un abrazo por la espalda, un beso, un "cariño me encuentro regular, voy a darme una ducha a ver si me despejo".
-Pero rapidito, que se enfrían las tostadas.
Y siguió con sus quehaceres, y empezó a barrer el salón, y fue a hacer la cama del dormitorio, y escuchó un golpe. Sin saber muy bien que había sido, salió corriendo. Y en los cinco metros que la separaban de la puerta del cuarto de baño se le pasó por la cabeza su vida entera, empezando por el puto motivo por el que ella era la que conducía en casa, hasta los "no es grave, no hay que operar" de los cardiólogos. 
Y llegó. Y lo vio. Y casi resbala. Y chilló. Y creyó que era el fin del mundo.
El agua seguía cayendo y ahora se mezclaba con un color rojizo. El cuerpo de su marido yacía en la bañera, lleno de espasmos y vacío de sueños, rotos. 

Y ese fue el único día que permitió que se le quemaran las tostadas.

1 comentario:

  1. Tú eres amor y punto. Y el texto que decir, me gusta mucho la frase del final 'Y ese fue el único día que permitió que se le quemaran las tostadas.'
    Eres genial.

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